OPINIÓN
BIBLIOTECA POPULAR 'ALFREDO L. PALACIOS'
miércoles, 1 de julio de 2020
viernes, 5 de junio de 2020
domingo, 19 de abril de 2020
sábado, 28 de marzo de 2020
jueves, 30 de enero de 2020
Bolivia: Sedición en la Universidad Católica, por Maria Galindo (columna censurada por el Diario Pagina Siete)
Jeanine no cayó del cielo para salvar la democracia boliviana.
Fue en una reunión en la universidad católica que una vez más se
mancha de sangre y vergüenza donde se reunieron: el embajador de Brasil
como representante de los intereses norteamericanos y de Bolsonaro, Tuto
Quiroga como representante de la CIA, Fernando Camacho como cabeza del
fascismo y como dueño del proceso de derrocamiento de Evo Morales, no
estoy segura pero parece ser que Carlos Mesa también estuvo allí
metiendo la pata, Waldo Albarracín y seguramente alguno más pisoteando
toda institucionalidad, con la bendición de la cúpula de la iglesia
católica, decidiendo a puerta cerrada quien debía suceder a Evo Morales.
Necesitaban
alguien funcional a todos, dispuesto a matar gente por si hubiera
alguna revuelta, dispuesto a asumir el cargo con los militares en las
calles, alguien que se dejara imponer gabinete de asesinos y asaltantes,
necesitaban una persona manejable que funcione como trapo de piso con
cuyo nombre limpiar el golpe de estado. Es ahí que suena el nombre de
Jeanine Añez; una senadora periférica de la derecha, que jamás había
jugado papel alguno que no sea defender a sus jefes, hacer declaraciones
racistas y obedecer. Tuto Quiroga la llama, le manda un avión y Añez
acepta siempre y cuando se le pague entre doscientos a trecientos mil
dólares por el riesgo de vida que suponía asumir el cargo.
Se le
paga, se le imponen l@s ministr@s y el machito de Camacho entra con ella
al Palacio, llevando la Biblia en alto que se utiliza una vez mas en la
historia como instrumento de legitimación y manipulación al mismo
tiempo.
Jeanine empieza a “gobernar” con los ojos vendados, cuando
se da la reunión con los movimientos sociales para “pacificar” el país
es el ministro de la presidencia Jerjes Justiniano quien conduce esa
reunión mientras Janine exhausta se retira a dormir, el ministro anuncia
que la presidenta desmilitarizara el país y firmara la ley de garantías
que hoy se niega a promulgar porque en aquel momento gobernaba
Justiniano y ella obedecía.
Ahora que ha decidido candidatear y
capitalizar para sí misma el gobierno de transición, la falsa
pacificación y la convocatoria a elecciones; Tuto Quiroga, Camacho,
CONADE y Mesa le recuerdan el contrato no verbal de sumisión que firmo
con la mirada el momento de asumir la presidencia. Mesa dice que el
disimulo del golpe quedara destapado, Tuto sufre porque ha sido él el
utilizado y no al revés, CONADE habla de ética cuando el pacto con
Jeanine fue anti ético y por fuera de las instituciones democráticas. Lo
que se decidió entre las paredes de la Universidad Católica debió
decidirse como cuando escapó Sánchez de Lozada, entre las paredes del
parlamento, lo demás es golpe de estado porque ninguno de los patriarcas
allí presentes tenia legitimidad, ni mandato alguno para decidir la
sucesión que en el país correspondía y porque lo hicieron de espaldas a
la gente y en secreto cuasi delincuencialmente.
Es por eso
importante conocer el contexto de la renuncia de Adriana Salvatierra;
¿por qué realmente renunció?, ¿por que no asumió ella la presidencia con
el compromiso de llamar a elecciones y nombrar nuevo tribunal
electoral? ¿Por que no se recibió en el senado la renuncia de Adriana y
se nombro allí nueva directiva para definir quien asumiría como
presidenta del senado la presidencia interina?
Jeanine, hoy al
candidatear esta siendo desleal con sus empleadores que le pusieron en
bandeja la presidencia subestimándola. Sabe que se las debe, pero al
mismo tiempo sabe que la usaron para el trabajo sucio, por lo que se
siente en el derecho de utilizar a su favor y a favor de su clan lo
conseguido. Sabe que nadie romperá el silencio porque todos necesitan
esconder la mano.
Creen tenernos engañad@s porque nos han
desinformado y porque resulta imposible saber que cosa realmente ha
pasado en Bolivia entre bambalinas. El MAS tampoco es una victima triste
y perseguida por el imperialismo, Adriana le debe una explicación al
país y Evo, Álvaro y l@s ministr@s que salieron huyendo también.
La
candidatura de Jeanine le suma al proceso mediocridad que ya hay en
abundancia, pero sirve como prueba de lo que ya sabíamos: “todo lo que
dije e hice es mentira y todo lo que diré y haré también”.
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miércoles, 26 de junio de 2019
Otro 26 de junio | Por Mempo Giardinelli
Ese 26 de junio de 1980 está en la memoria más
horrible de la Argentina y escribo esto pensando una vez más en todo el
dolor que todavía nos deben.
Propongo recordar lo sucedido. Propongo
que imaginemos aquel 26 de junio de aquel 1980. Día frío y gris, pero
no llueve. La acción en Sarandí, partido de Avellaneda, provincia de
Buenos Aires. A corta distancia de lo que entonces se llamaba Capital
Federal, vemos que de un gran depósito sobre las calles O’Higgins y
Agüero (hoy Crisólogo Larralde) entran y salen camiones cargados de
libros. Son veinticuatro toneladas de libros. En silencio,
suboficiales, soldados y policías vacían lentamente el depósito bajo las
escrutadoras severas miradas de oficiales del Ejército Argentino,
algunos muy jóvenes.
El depósito –un amplio galpón– y todos los
libros pertenecen a la conocida editorial Centro Editor de América
Latina, una de las más prestigiosas y originales casas editoras de
libros del país y el continente, fundada y dirigida por Boris Spivacow,
un respetado matemático de 65 años, hijo de inmigrantes rusos. Entre
1958 y 1966 había sido gerente general de Eudeba (la Editorial de la
Universidad de Buenos Aires) y la había colocado en el pináculo de la
consideración pública por sus colecciones de extraordinaria calidad y
cuidado a precios populares. Hasta que la tristemente célebre Noche de
los Bastones Largos, el 29 de julio del ’66, junto con centenares de
profesores e investigadores, Spivacow fue forzado a abandonar Eudeba y
la universidad.
Inmediatamente empezó a soñar con una empresa
independiente y autosuficiente. Y así, con toda la experiencia
acumulada, fundó la editorial Centro Editor de América Latina, que llegó
a convertirse en una de las más fuertes editoriales del continente, y
sus colecciones fueron formadoras de ciudadanía y fuente de conocimiento
en todas las disciplinas.
Las fuerzas armadas de la época tenían a
Spivacow, como se decía entonces, “marcado”. La supervivencia casi
milagrosa de la editorial durante los primeros años de la dictadura
tenía, por lo tanto, los días contados. Y el final fue ese día, ese 26
de junio del año ’80, en que llegaron las tropas en sus camiones y
empezaron a cargar libros, paquete por paquete, y en sucesivos viajes
llevaron 24 toneladas de cultura y conocimiento desde el depósito de
Agüero y O’Higgins hasta un baldío que había entonces a muy pocas
cuadras, en la calle Ferré, entre Agüero y Lucena.
Allí, una vez
descargados los libros –posiblemente un par de millones de ejemplares–
un valiente oficial habrá dado la marcial y ceremoniosa orden de
prenderles fuego. “Procedan”, habrá dicho con firmeza y yo imagino que
sin inmutarse, sin culpa alguna, sin siquiera darse cuenta de la
atrocidad que cometía en ese instante miserable.
Así se quemaron
esos libros, aquel 26 de junio de 1980, y con ellos se quemaron años de
saber, de cultura, de investigaciones, de sueños y ficciones y poesías. Y
se quemó una parte esencial de la Argentina más hermosa, incinerada por
la Argentina más horrenda y criminal.
El expediente judicial
–informan ahora amigas y amigos que han guardado intacta la memoria de
esa jornada ominosa– dice que aquel día estuvieron presentes allí
algunas personas de la editorial: el fotógrafo Ricardo Figueiras, Amanda
Toubes, Alejandro Nociletti, Hugo Corzo y el propio Boris Spivacow.
Me cuesta imaginarlos, ahora. Pero no los veo llorando sino
concentrados y serios, dignos y elocuentes en su silencio atronador. Los
veo observando con dolor a las bestias de uniforme que cumplían esa
orden infame que algún oficial de alta graduación, algún oscuro dictador
habría dispuesto en algún oscuro lugar del poder. Pero no veo que
ninguno de ellos baje o desvíe la mirada ..
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miércoles, 27 de marzo de 2019
VARGAS, EL FABULADOR | Por Atilio A. Boron
Pocas dudas caben sobre la calidad de Mario Vargas Llosa como narrador. Si bien sus obras más recientes no tienen
el mismo espesor literario de las que les precedieron, el peruano sigue
siendo un notable escritor. Pero como lo he demostrado en un libro de
muy próxima aparición, El Hechicero de la Tribu, su talento como
analista político, siendo benévolos diríamos que no supera la
mediocridad. Claramente el análisis político no es lo suyo porque ni
conoce las teorías y, mucho menos, la metodología; su mundo, en el cual
navega con maestría, es la ficción. Y como él mismo lo ha dicho más de
una vez, un escritor es alguien que escribe mentiras que parecen
verdades. La elegancia y precisión formal de su escritura, acompañada a
menudo por un énfasis rayano en el fanatismo cuando trata asuntos
políticos o ideológicos, ejerce una poderosa seducción sobre sus
lectores.
Embriagado por
su propio discurso Vargas Llosa traspasa con absoluta desaprensión los
límites de la ficción, se interna en el análisis político y allí, en ese
terreno resbaladizo y por momentos traicionero, descerraja a diestra y
siniestra afirmaciones atrabiliarias cuando reacciona ante fenómenos o
ideologías políticas que se encuentran en las antípodas de sus
creencias. Por eso, el colombiano César Gaviria, quien fuera Secretario
General de la OEA antes de que, bajo la conducción de Luis Almagro,
esta institución se hundiera en imborrable ignominia, dijo que “A veces
al leer a don Mario tengo la impresión de que su capacidad de análisis
político es proporcionalmente inversa a sus logros literarios, y debería
oír con más frecuencia el refrán que a todos nos enseñaron de chicos:
"zapatero a tus zapatos". (Cf. El País, España, 18 junio del 2000)
Jamás objetaría que Vargas Llosa manifestase libremente sus opiniones
políticas o, como hubiera dicho su amigo Octavio Paz, sus ocurrencias
-algo que es preciso distinguir de las ideas. Pero el aire pontifical
con que las emite –como si fueran el producto de un minucioso análisis-
y la complicidad de quienes la reciben y reproducen por los medios
hegemónicos, convierten en verdades irrefutables un ejercicio
groseramente propagandístico por el cual el narrador se convierte en
fabulador. La reciente entrevista concedida a un periodista del diario
La Nación de Buenos Aires el pasado 25 de marzo, en ocasión de su visita
a este país para participar en el VIIIº Congreso Internacional de la
Lengua Española a celebrarse en Córdoba, lo comprueba sin atenuantes.
Tomaré sólo dos pasajes a título de ejemplo.
En el primero dice
textualmente que "En este momento, la humanidad tiene un privilegio que
no tuvo nunca. Los países pueden elegir si quieren ser prósperos o
elegir ser pobres. Y las recetas están ahí, probadas. Los países que
reforzaron la propiedad privada, la empresa privada, el libre mercado y
se abrieron al mundo han avanzado.”
Si este disparate fuese
cierto habría que concluir -cosa que el peruano no hace- que por lo
menos las cuatro quintas partes de la humanidad está constituida por
imbéciles profundos que, en lugar de la prosperidad, prefieren vivir en
la indigencia, sin viviendas dignas, sin educación, salud pública,
acceso al agua potable y redes cloacales. Como nuestro autor no tiene
formación en ciencias sociales ni se le ocurre consultar algunas fuentes
insospechadas de estar contaminadas con el virus populista o
izquierdista que tanto lo desvelan. Como Oxfam, por ejemplo, quien, en
su informe presentado ante la Cumbre de Davos 2019 demostró que “desde
2015, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el
resto del planeta; que los ingresos del 10% más pobre de la población
mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011,
mientras que los del 1% más rico se han incrementado 182 veces más.” Y,
recordemos, la mayoría de estos países sumidos en la pobreza se vieron
forzados a aplicar por el FMI, el BM o sus sucedáneos regionales las
políticas libremercadistas y privatizadoras del imperialismo que con
tanto ardor publicita Vargas Llosa.
Y al hablar específicamente
de la Argentina, el narrador vuelve a fabular cuando sentenció que “este
país fue el primero de la región que logró erradicar el analfabetismo.
Ahora nadie se acuerda pero se lo propuso y lo hizo. La pregunta es cómo
pasó que la Argentina dejó de ser un país próspero. Y la respuesta es
simple: eligió el camino de la pobreza.” Dos cosas: la respuesta no es
simple sino simplista, que no es lo mismo. Y, además, falsa, en más de
un sentido. Fue Cuba, luego de la Revolución, el primer país en
erradicar el analfabetismo en Latinoamérica. Y segundo, porque si
hubiera tenido la prudencia de consultar las fuentes censales de la
Argentina habría caído en la cuenta de que este país, a diferencia de
sus tan denostadas Cuba y Venezuela, aún no erradicó el analfabetismo.
En los albores del peronismo, el censo de 1947 registraba un 13.6 % de
analfabetos entre la población mayor de 10 años. Es decir que después
de casi setenta años de políticas liberales gestionadas por la
oligarquía de este país cuando, presuntamente, argentinas y argentinos
habían elegido la prosperidad, la tasa de analfabetismo seguía siendo
considerablemente elevada. Hubo que esperar hasta 1991 para descenderla
hasta el 3.7 %, y en el censo del 2010 -ya bajo el gobierno de Cristina
Fernández- la tasa llegó a un 1.92 %, que es lo que técnicamente se
considera el umbral mínimo para certificar el fin del analfabetismo en
un país. Dictamen final: aplazado en análisis político por severos
errores metodológicos. Como dijo César Gaviria, “zapatero a tus
zapatos”, don Mario. Basta ya de decir mentiras para que parezcan
verdades.
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2019,
Atilio Borón,
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Puerto Madryn, Chubut, Argentina
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